Cortinilla por Denisse Dresser

Denisse Dresser

Denisse Dresser

Estimado televidente. Interrumpimos su programación favorita para hacer el siguiente anuncio: nosotros, Televisa y Televisión Azteca, queremos hacer explícita nuestra posición en la correlación de fuerzas políticas y económicas del país. Que quede claro: estamos por encima de las instituciones representativas, de las autoridades electorales, del Congreso, del IFE, de la Secretaría de Gobernación, de la Constitución, del Presidente mismo. Aunque ustedes no votaron por Emilio Azcárraga o Ricardo Salinas Pliego, ellos mandan. Aunque lamentamos interrumpir el Súper Tazón y el partido de futbol soccer, se ha vuelto imperativo hacerlo. Es importante que el país lo entienda; estamos dispuestos a poner en jaque a la democracia con el objetivo de proteger nuestros intereses. Y usaremos todos los instrumentos disponibles a nuestro alcance, incluyendo el chantaje, la presión y la tergiversación desde el púlpito más importante del país que es la pantalla de televisión.

Es cierto que llegamos a un acuerdo con el IFE hace un año, en el cual quedó establecido que no sería necesario interrumpir la programación de eventos deportivos y culturales para transmitir los “spots” de los partidos. Es cierto que los tiempos oficiales designados para ellos son sólo de un par de minutos por hora. Es cierto que el IFE no nos obliga a transmitirlos de manera continua, como lo hicimos. Es cierto que hemos diseminado el argumento de la “saturación” de forma tramposa, sabiendo que en realidad se trata de anuncios que se transmitirán a lo largo del país y durante cinco meses. Pero ¿qué importa el Cofipe? ¿Qué importa el consenso al cual llegaron todas las fuerzas políticas del país en torno a la reforma electoral? Si desde hace años hemos estado por encima de la ley o la hemos doblado a conveniencia y sin sanción. A nosotros -Televisa y TV Azteca- no nos importa respetar las reglas ni cumplir con las obligaciones marcadas por la Constitución. Exigiremos el apego estricto a la legalidad cuando de otros se trate, pero en nuestro caso, defendemos el derecho a la excepcionalidad. Vaya, ni que fuéremos una concesión pública. Ni que tuviéramos que ajustarnos a las normas. Contamos con el privilegio de mandar. Y lo utilizaremos cada vez que queramos, para clamar, tal y como AMLO lo hizo: “al diablo con sus instituciones”.

Porque esas instituciones tomaron la decisión de cortar el cordón umbilical que habíamos logrado tender entre los partidos y la televisión. Nos arrebataron la seguridad de recibir millones de pesos durante cada temporada electoral, a través de la venta -a precios discrecionales, por cierto- de “spots” a los partidos y a sus candidatos. Nos quitaron el gran instrumento de chantaje que teníamos sobre la clase política, como el que usamos contra Felipe Calderón en la elección del 2006, cuando le dijimos que si su partido no votaba en favor de la “Ley Televisa”, iba a desaparecer de la pantalla y jamás lograría remontar los 8 puntos de distancia que lo separaban de Andrés Manuel López Obrador entonces. Esa reforma electoral que nos hemos dedicado a desacreditar dificulta la posibilidad de sacar leyes a modo, aunque lo seguiremos intentando. Total, la elección intermedia vuelve vulnerables, otra vez, a todos aquellos que buscaron acotarnos. Gracias a ello podremos asegurar que no habrá una ley de medios en lo que resta del sexenio.

Es tan fácil desacreditar a nuestros adversarios dada la magnitud de los errores que cometen y lo pusilánimes que son. Allí está el Partido Verde, gastando millones de pesos en camisetas. Allí está el IFE, tan torpe y timorato, refiriéndose a lo que hicimos como una simple “conducta atípica”. Allí están los consejeros, cuya credibilidad nos hemos dedicado a minar, aún debatiendo qué van a hacer para aplicar las normas abigarradas que los partidos crearon. Afortunadamente la nueva legislación es tan compleja y contiene tantas lagunas que sin duda va a entrampar a la autoridad electoral aún más. El IFE ni siquiera ha podido asumir una postura en torno a los infomerciales que le hemos vendido a Marcelo Ebrard y a Enrique Peña Nieto, en clara violación a la reforma electoral. Lo único que la autoridad ha logrado hacer ante nuestro desafío más reciente es publicar un desplegado que nadie leyó y rogar que asistamos a una “audiencia”.

Mientras tanto, y de manera sincronizada, seguiremos alimentando la polarización política y la animadversión ciudadana. Continuaremos promoviendo las campañas de desinformación que hemos desencadenado en contra de la reforma electoral, y encontraremos a un buen grupo de intelectuales dispuestos a ayudarnos en esta tarea. Seguiremos escalando la confrontación entre los ciudadanos y las normas constitucionales. Continuaremos fomentando el cuestionamiento a las instituciones y a los partidos, porque nuestra apuesta es llegar a un buen acuerdo personal con el político que impulsaremos a Los Pinos en el 2012. Seguiremos mandando el mensaje a todos los mexicanos de que no es necesario obedecer la ley. Continuaremos enrareciendo el ambiente, con el afán de perseguir nuestros intereses aunque sea a costa de la estabilidad del país. Y nos criticarán en algunos periódicos y en algunos programas de radio, pero aprovecharemos la asimetría informática que hay en nuestro favor. Es la única forma de hacerles entender a todos esos senadores, a todos esos diputados, a todos esos reguladores, a todos esos ministros de la Suprema Corte, a todos esos insubordinados, que el país es nuestro. La pantalla es nuestra. La política es nuestra.

El costo para Televisa y TV Azteca es menor: ya pudimos borrar a un senador y la multa sólo fue de algunos miles de pesos o algo así; ya pudimos tomar el Cerro del Chiquihuite y devorar al Canal 40 sin problema. Como no se ha reformado la Ley de Radio y Televisión por el miedo que nos tienen, el gobierno actualmente no cuenta con instrumentos para sancionarnos de verdad. Seguiremos haciendo lo que nos da la gana, como tantos otros poderes fácticos en este país. Si alguien intenta criticarnos, diremos que es una “venganza” de la clase política y quién sabe por qué se ha dado; repetiremos que todos los problemas del país provienen de la partidocracia y que -en realidad- es mejor ser gobernados por nosotros aunque nadie nos haya elegido en las urnas. Y bueno, pues ya estamos pactando con Enrique Peña Nieto y con Manlio Fabio Beltrones para preservar nuestros privilegios. Ojalá y cuando el PRI regrese al poder se acaben estos esfuerzos molestos por contener el poder que hemos acumulado.

Gracias por su atención, estimados televidentes, y volvamos al Súper Tazón.

Imagen tomada de aqui para posteriomente ser fotochopiadas.

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