Ay ca… mión…

Al acecho

Al acecho

El transporte público sin duda es el super aliviane de la era en la que todos andamos en chinga, los que no son un aliviane son los ojeises (o sea de ojeras de pantera) que los manejan. Ya sé, ya sé, pagan justos por pecadores, y también sé que sus jefes se los traen jodidos y si si si ¡eso nos pasa a todos no mameyen! o bueno casi a todos. El punto a tratar es que la banda que anda en la manejada y en la caminada debemos andar a las vivas de estos potenciales arnoldos shuarzaneguers del volante. En mi muy particular caso últimamente me he dado cuenta de que he desarrollado una especia de instinto araña (como el del espaiderman) para predecir los súbitos movimientos de estos cabrones, cambian de carril pa la izquierda sin avisar, ahora pa la derecha, ahora hasta el tercer carril, se frenan, aceleran para luego frenar en la esquina y recoger pasaje en tan solo 40 metros, sacan su manita pa indicarte que si no te has dado cuenta tienes medio camión encima, echan carreritas con la otra ruta, te friegan pitando con unos pinches claxones que te alacian los pelos del uyuyuy… entre otras curiosidades. Lo más lamentable es que entre todos estos movimientos dignos de cualqueir piloto de fórmula uno se han cargado a dos tres cristianos (entre otros credos) y cada vez, al menos en esta ciudad, se presenta con mayor frecuencia. ¿Y las autoridades? Para variar como chinitos, nomás milando. Independientemente de la complejidad que supone hacer algo al respecto creo que una de las más lógicas para abrir boca sería revisar los criterios de otorgamiento de licencias para quienes se dediquen a ser operadores de transporte público y mantener programas de capacitación con cierta frecuencia para instruirlos o por lo menos pasarles el tip de que no andan en un pinche triciclo para andar haciendo mamada y media. Sumado a esto creo que los automovilistas y peatones también debemos participar porque también entre nosotros habemos los que no le damos el paso ni a una pata con sus patitos (ay que mamón) o los que quieren hacer la parada en la puerta de su casa los muy huevones. Repito, está cabrón, pero más cabrón está suponer que nuestras autoridades van a hacer algo al respecto, está visto que lo único que los mueve es el billelle o sea el varo varo baraquiel. Vamos poniéndonos de acuerdo como ciudadanos, sólo así la libramos, o qué, ¿todo peladito y en la boca? Ay camión.

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