Un secuestro de masas

huevones diputados

El secuestro y posterior asesinato del joven Fernando Martí ha sido el motivo de una movilización a nivel nacional para repudiar las garantías de seguridad que actualmente nos brindan las autoridades en este país. Todos lamentamos este hecho, sin embargo no podemos olvidar que Fernando no era un mexicano común y corriente, era heredero de un empresario que supo hacer un gran negocio con sus tiendas de ropa deportiva y centros de acondicionamiento físico. Es por eso que el impacto de su muerte ha ido más allá del que pudiese causar la de cualquier otra persona, o al menos cualquier otra persona que no tuviese las relaciones que el padre de él tiene con grandes empresarios y autoridades de este país. Si estas movilizaciones se produjeran por cada una de las muertes de los centenares de las víctimas que arroja anualmente el secuestro en nuestro país, podríamos hablar de igualdad, pero seamos realistas, en esta país no todas las vidas tienen el mismo valor. Lamentablemente para todos, porque de ser así probablemente la familia de Fernando hubiese evitado esta tragedia si la sociedad se hubiese indignado a tiempo y del mismo modo con el secuestro de cualquier otro, de un mexicano más.

Después del impacto mediático que causó esta noticia y el posterior seguimiento del caso, las cifras salen a relucir una vez más, el tema se discute ante cámaras y micrófonos, las culpas se reparten y la conclusión es la misma, hay que hacer algo, hay que… ¿quienes?. Lejos de los mejores deseos de no politizar las manifestaciones y demandas para la resolución de este problema están las acciones que realiza cada personaje, de los nombrados políticos. El presidente ve la oportunidad para ver aprobada su reforma en materia de seguridad (si, la que va a permitir a los delincuentes… ejem… la policía a entrar a tu casa sin orden judicial), los dirigentes de partidos encuentran el pretexto para señalar como responsables al partido de la competencia, los gobernadores (como Mario) ven la ocasión perfecta para convocar a sus huestes y así demostrar su poder de convocatoria ante una figura cada vez más desprestigiada, en fin, todos quieren arrear agua para su molino. De paso, la iniciativa privada no se queda atrás, promueve y convoca a una marcha nacional en contra de la inseguridad que se vive en este país para decir ya basta, como si eso fuese a resolver el grave problema mientras tanto decapitados y acribillados aparecen por todos los estados del país, portan la bandera de ser los paladines justicieros que convocando a una megamarcha acabarán con el mal que azota a este país. El hampa rie.

¿A quién tratamos de engañar? Acciones como la marcha del sábado 30 quedan para el record unicamente, un evento más, sin tracendencia, la clase política y empresarial la verá de reojo y sobre el hombro. Y seguirá siendo así hasta que no reconozcamos a los verdaderos responsables de la situación actual, nosotros mismos. Por permitir que un televisor nos diga qué pensar y a quien odiar, por permitir fraudes electorales a diestra y siniestra, por tolerar gobernadores que son capaces de golpear a su pueblo y secuestrar periodistas mientras toman de la mano a empresarios vinculados con redes de pederastas, por permitir que un extranjero se convierta en secretario de gobernación a sabiendas de que siendo funcionario público se benefició con contratos ilícitos, por permitir que la mediocridad se vuelva un motivo de celebración, por permitir que la iglesia católica se empeñe en frenar la búsqueda por la libertad que da el aprendizaje, por tirar la basura por la ventanilla del auto, por hacer la parada al camión a media calle por hueva, por creer que la inversión extranjera es la solución a nuestros problemas, por preferir no hablar de política, por creer que nos va a castigar dios, por empezar y nunca terminar, por tolerar que hijos de primeras damas se enriquezcan a costa del erario público, por llamar locos a los que piensan y creen que podemos ser diferentes, por alabar al extranjero y escupirle en la cara al connacional, por creer que la independencia de México la inició un cura, por preferir ser humilaldos que perder un empleo que nos da para medio comer, por pasarnos el alto, por el yo primero, por el que no tranza no avanza, por que nos da hueva leer, por dar limosna al que no trabaja, por permitir líderes sindicales vitalicios, por seguir manteniendo una nómina de huevones llamados diputados, por indefinidos, por agachones, por hacer como que no veo, por no denunciar, por no respetar la naturaleza, por patear a un perro, por creer que se rebelde equivale a vestir a la moda, por dar mordidas, por permitir que se nos reserve el derecho de admisión, por permitirlo, porque lo permitimos, entre muchas, muchas otras cosas.

El problema somos nosotros, eres tú, soy yo. Sería mejor desaparecer ya que da igual que estemos a no estar, la única diferencia es que esos que nos ven la cara y que sabemos perfectamente que son los empresarios y políticos ya no tendrán de quien abusar, porque entre ellos saben quienes son los narcotraficantes y secuestradores, ellos lo saben, ellos son, el narcotráficante  hace mucho que dejó de ser parte del pueblo para convertirse en el opresor del pueblo, no nos engañemos, elegimos nuestros opresores, nuestros asesinos, nuestros secuetradores, las marchas con velas prendidas no los hacen pestañear, son tan inútiles como hincarse a rezar, no nos engañemos, lo hemos permitido siempre, ¿hasta cuando?.

Imagen tomada de aqui para posteriormente ser fotochopiada.

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