Analogías privatizadoras

Tesoro

Cuando el gobierno nos quiere convencer de algo es porque hay gato (que digo gato, dientes de sable de media tonelada bien peludo el desgraciado) encerrado. Que si no votes por aquel, que ahora vota por esto, ahora apoya esto, esto te conviene, eso no, aquello es por tu bien, etcétera, ríos de dinero para hacerte coco wash a distancia. El tamaño de la campaña, el tamaño de la transa.

Como ya lo hemos abordado anteriormente el tema de la reforma petrolera, que no es más que una privatización disfrazada, ha sido el motivo para bombardearnos, principalmente, de spots de radio y televisión. Desde los que se prestan al albur (ahora si que prestigio con el tesorito) hasta en los que aparece “gente como tu y como yo” clasemedieros convencidos de una reforma de la que seguramente no tienen ni la más remota y trinche idea. No importan los medios, el fin es lo que cuenta, explícale al pueblo como le vamos a robar, eso si, con palitos y bolitas porque son muy pendejos.

El uso de analogías resulta muy efectivo cuando se trata de explicar de una manera más o menos entendible cualquier cosa que requiera más tiempo y un conocimiento más profundo sobre el tema. Es por eso que es más fácil hablar de un tesoro en el fondo del mar, que explicar en qué momento los mexicanos nos convertimos tan ineptos y dependientes del extranjero para extraer el petróleo de las profunidades del mar.

Si de analogías se trata, imaginemos entonces que el tesorote de los mexicanos está representado por el patrimonio y los recursos naturales, y que ante la incapacidad (crisis) de sacar adelante al tesorote llega el padrote extranjero para primero repetirnos hastal el cansancio de que no somos capaces de darle una mejor vida y posteriormente convencernos de ponerlo en sus manos. Una vez prostituido, vejado, maltratado, humillado y gastado se deslinda de proporcionarle los cuidados necesarios para su recuperación y nos lo devuelven con el argumento de que de por si era nuestro y que es nuestra responsabilidad correr con los gastos. Una vez recuperado con el sudor de nuestra frente, aparecen otra vez. El problema es que Juan Pueblo siempre acaba convencido. No importa si son los bancos, los ferrocarrles, las autopistas, los ingenios azucareros ó la industria petrolera. Alfinal Juan Pueblo presta el tesorote, ni modo que hacer lo contrario de lo que dicen en la tele.

Obviamente no estoy generalizando, Juan Pueblo puede empezar a dudar de esas analogías que hacen ver muy sencillo algo que es demasiado complejo. ¿De qué nos quieren convencer?

Imagen tomada de aqui para posteriormente ser fotochopiada.

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