El estado, ¿el último monopolio?

Monopoly

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Entendiendo estos como tiempos de libre albedrío ó correctamente hablando, de libre mercado, es ya costumbre desde hace tiempo hacer un señalamiento sobre prácticas monopólicas en las que incurren empresas privadas y públicas. En el caso de nuestro país tenemos ejemplos claros de ello, Pemex y CFE son quizás los reductos de esta especie en peligro de extinción, considerando los constantes embates para lograr una apertura en materia energética que permita el ingreso de competidores. No nos detendremos en el tema mencionado porque tiene mucho cuero para bastantes correas. Si bien estos ejemplos en el papel representan la última frontera en el tema de monopolios existe uno que quizás no hemos considerado y que ante esta libre balanza de oferta y demanda muchas veces se siente incómodo. Me refiero al estado. ¿El estado? La madre de todas las enciclopedias nos sugiere esta definición:

El Estado es un concepto político que se refiere a una forma de organización social y política soberana y coercitiva, formada por un conjunto de instituciones involuntarias, que tiene el poder de regular la vida nacional en un territorio determinado.

Fuente (http://bit.ly/atp6OF)

“El poder de regular la vida nacional en un territorio…” Vaya que dice mucho esta parte. Concedo que la elección de quienes están al frente de estas instituciones se da, al menos en mexicalpan de las tunas, mediante procesos democráticos (sí, ya sé, con sus notabilísimas excepciones) sin embargo detrás de estos personajes está cada vez más presente ese ánimo de apertura mercantil en dónde las empresas ya están hasta en la cocina.

En México los poderes están representados por el legislativo (congreso de la unión con los artistas señores diputados y senadores), el ejecutivo (presidente en turno y anexas) y el judicial (cortes, tribunales, juzgados, tehuacanazos y anexas). Es decir que para hacer las leyes, vetarlas, ejecutarlas, hacerlas valer, para interpretarlas y juzgarlas la chamba está bien repartida. La pregunta entonces es ¿la chamba está bien hecha?

Como mencioné anteriormente si bien estas autoridades son elegidas por mayoría, es cada vez más evidente que las mismas ya no responden a los intereses del pueblo sino a intereses muy particulares. Es por eso que el estado, mismo que mediante el poder regula la vida nacional de un territorio determinado, al dejar de garantizar esto último podría verse bien como el monopolizador ineficiente en la práctica.

El estado visto de esta manera tan mercantil, monopoliza el ejercicio del poder, surge la peligrosa y aventurada pregunta ¿es el estado el último monopolio, la útlima frontera a ser engullida por el capitalismo? Imaginan ustedes amables lectores la posibilidad de elegir entre corporaciones policiacas que más garantías otorguen, juzgados compitiendo por ser más eficaces, legisladores bajo esquemas de productividad y objetivos bajo direcciones independientes. ¡Pero si eso lo hacemos mediante las urnas!  ¿Qué tal hacerlo como quien cambia de compañía de teléfono?

Mi planteamiento es a todas luces absurdo y ridículo, pero ante estos tiempos es válido preguntarse si el estado es la última barrera para que el ejercicio del poder no sea más un monopolio y esté en manos de quienes en el papel lo están ejerciendo poco a poco.

Que ganas de jugar Monopoly.

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