De marchas #megamarcha

Marcha Nacional

Marcha Nacional Puebla

Cinco en Veracruz, dos en Novoloato, uno en Neza, 59 en Tamaulipas, uno en Nayarit, un niño en Durango… entre ejecuciones, narcofosas, balaceras, este ha sido el saldo aproximado que la violencia a dejado en las últimas 24 horas en México. ¿Alguien se atreve a decir que no está pasando nada? Los hay.

La marcha realizada el día de hoy a raíz del asesinato de Juan Francisco Sicilia, hijo del poeta Javier Sicilia, ha sido la más reciente expresión de repudio de la ciudadanía hacia el clima de violencia que impera en el país, desde aquella convocada por Televisa y Tv Azteca en el año de 2008 bajo el lema de “Iluminemos México”. Esta última tuvo todo el apoyo del sector empresarial lo que facilitó su difusión y exposición mediática, sin embargo lo sucedido el día de hoy, en esencia puede considerarse como una convocatoria puramente ciudadana, a través de círculos de intelectuales, redes ciudadanas y redes sociales. La cobertura del evento por parte de los medios fue obligada no pudiendo hacer caso omiso del TT (trending topic) #marchanacional en Twitter (que se ha puesto muy de moda entre los periodistas).

Lo que me obliga a escribir sobre este tema no son las cifras de la marcha, ni los detalles (mismos que podrán encontrar en otros espacios) sino la polarización que la convocatoria de esta expresión ciudadana generó, quizás aquí encuentren algo al respecto:

Muestras de solidaridad, burlas, radicalismo al señalar a los que no asistieron, a los que sí, quienes hablan de mejor trabajar en lugar de marchar para generar empleos, de quienes señalan el evento como un nido de oportunistas, los que piden no politizar, los que se preocupan de la basura que los manifestantes puedan generar, los moderados, los que se molestan, los que se preguntan ¿después qué?, etc.

Esta polarización sigue siendo un rezago de aquella que los medios crearon en el año 2006 definiendo a punta de “spots” la brecha entre izquierda recalcitrante y derecha cómplice. A título personal quiero recalcar dos cosas, dos.

Primero, estas expresiones ciudadanas (las marchas) que pesan a muchos (mientras no sean convocadas por el duopolio televisivo), son la máxima expresión pacífica que el pueblo tiene (todos somos pueblo) para encontrar una válvula de escape ante eventos o realidades que definitivamente atentan en contra de los derechos básicos a los que un ser humano puede aspirar. Entiéndanlo, acarreados o no, las marchas son una clara señal de que algo no está bien. ¿Se nos ha educado para atentar en contra de nuestros mínimos derechos de expresión ciudadana? ¿Es mejor callar? ¿Simular que no pasa nada? ¿Darnos nuestros golpes de pecho de grandes agentes de cambio por ser capaces de mirar a otro lado? ¿Cuál cambio?

Segundo, no asistir a estos eventos no significa la no solidaridad con la causa de los mismos (hablando de quienes no los descalifican). Pretender señalar a quienes asisten como los únicos ciudadanos comprometidos deja fuera a un universo de personas que por alguna razón no pudieron o decidieron no asistir. ¿Razones? Puede haber muchas, pero que tal rescatar el hecho de que una marcha ya no se considere como suficiente para expresar la indignación y repudio que causan los actuales niveles de violencia en el país. Estar o no estar ahí no va a resolver necesariamente nada, es una realidad. Se requerirían acciones más radicales para satisfacer la desesperanza que a muchos ciudadanos ha causado esta realidad. Señalar a quienes no asisten es aumentar la polarización, aún así la pregunta hecha anteriormente sigue latente, marchamos y ¿después qué?

Mi solidaridad con esta expresión ciudadana, yo también estoy hasta la madre, como también espero podamos entender que la causa es por el bienestar de todos, y que a estas acciones deben sumarse estrategias paralelas organizadas con las que los ciudadanos puedan participar y ejercer presión para que no todo quede en la anécdota, me refiero a más acciones ciudadanas, la pregunta entonces será ¿cómo?

Foto por @vladivarius de la #marchanacional

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